Hace unas semanas, lei una entrevista con The Undertaker, uno de los luchadores profesionales más emblemáticos de la WWE de todos los tiempos. En la conversación, criticó a la nueva generación de luchadores por representar un personaje en televisión y uno completamente diferente en redes sociales. Explicó que, en su época, los luchadores vivían sus personajes en todas partes. La imagen no era algo que mostraban ante las cámaras; era una extensión de quienes eran. En su opinión, romper esa continuidad debilitaba el arte, porque la credibilidad surge de la consistencia.
Ese comentario me impactó más allá del mundo de la lucha libre. Me hizo darme cuenta de lo similar que es esta dinámica en el entorno corporativo. Independientemente de si trabajas en roles comerciales, operaciones, recursos humanos, marketing o áreas técnicas, desarrollas una imagen profesional con los años: un estilo, una reputación, una identidad que otros asocian contigo. En realidad, cada interacción, cada reunión y cada decisión contribuye a esa imagen. Al igual que en la lucha libre, cuando te desvías de tu imagen establecida y empiezas a actuar de forma contraria a lo que la gente te conoce, algo se rompe. La confianza se tambalea y la credibilidad se resiente. La gente percibe que algo no funciona, incluso si no pueden expresarlo.
Por eso, comprender, valorar y mantener tu estilo profesional es mucho más importante de lo que la mayoría cree.
Cuando se cae la máscara profesional
Tras años en una empresa, tu estilo de trabajo se convierte en una parte fundamental de tu identidad. Algunas personas son conocidas por su fiabilidad, mientras que otras son reconocidas por su presencia serena bajo presión. Algunas son apreciadas por su pensamiento estratégico o su ambición comercial, mientras que otras destacan por su empatía, imparcialidad o capacidad para resolver problemas. Independientemente de lo que te defina, esto moldea cómo tus compañeros, clientes y partes interesadas perciben tus acciones.
Esta reputación no se construye de la noche a la mañana; crece gradualmente, interacción tras interacción, capa tras capa. Con el tiempo, construyes lo que yo llamaría «valor de reputación». La gente empieza a saber qué esperar de ti. Confían en tu enfoque y confían en tu coherencia. El problema surge cuando te desvías de tu estilo establecido. Este cambio puede deberse a cambios de liderazgo, el deseo de impresionar, sentimientos de inseguridad o simplemente agotamiento. De repente, tu tono de comunicación puede cambiar, tus decisiones podrían dejar de estar alineadas con tus valores o tu comportamiento podría parecer impredecible. A menudo, este cambio es sutil, pero sus efectos pueden ser profundos. Así como los aficionados a la lucha libre pierden interés cuando un personaje se vuelve inconsistente, los colegas pueden percibir rápidamente cuando tu imagen profesional ya no se alinea con tus acciones.
La fragilidad de interpretar un papel que no puedes mantener
Muchos profesionales caen en la trampa cuando intentan reinventarse abruptamente o moldear su imagen basándose en lo que creen que los demás esperan de ellos. Pueden intentar parecer más políticos o agresivos, o presentarse como algo que no son. Aunque creen que se están adaptando, en realidad están creando una versión frágil de sí mismos que puede desmoronarse fácilmente.
Recuerda siempre que una imagen carente de autenticidad es agotadora de mantener. Empiezan a surgir inconsistencias, y la gente se da cuenta cuando tu entusiasmo parece forzado o cuando tu tono cambia según la audiencia. Esta falta de alineación crea tensión interna, que puede derivar en estrés, conflicto o incluso agotamiento. Además, al ser artificial, la imagen no proporciona estabilidad emocional. Te encuentras constantemente «actuando», y estas actuaciones son insostenibles a largo plazo.
En cambio, la autenticidad fomenta la resiliencia. Cuando tu estilo refleja tus verdaderos valores y fortalezas, tus decisiones se sienten naturales, tu liderazgo gana credibilidad y tus relaciones se profundizan. Dejas de malgastar energía fingiendo; en cambio, operas desde una posición de certeza, y tu reputación se fortalece con el tiempo.
Por eso, el personaje que eliges representar en la vida corporativa no puede ser una actuación. Una actuación eventualmente se revelará. Sin embargo, una identidad auténtica, arraigada en tus verdaderos valores, se vuelve inquebrantable.
Redescubriendo tu verdadera identidad:
Una de las experiencias más transformadoras que pueden tener los profesionales es redescubrir su verdadero yo. Este proceso suele comenzar con una reflexión sobre sus valores fundamentales. Los valores no son meros conceptos abstractos; sirven como una brújula interna que moldea cómo actúas, lideras e interactúas con los demás. Cuando tus acciones se alinean con tus valores, te sientes con los pies en la tierra. Cuando no, todo se vuelve más complicado y arduo.
Comprender tus fortalezas y debilidades naturales es igualmente importante. Cuanta más claridad tengas sobre cómo rendir al máximo, más fácil te resultará mantenerte fiel a tu estilo auténtico. Muchas personas se dan cuenta de que sus dificultades no se deben a la falta de habilidades, sino a que están trabajando demasiado lejos de su esencia.
Aquí es donde el coaching ejecutivo cobra un valor incalculable. Un coach actúa como un espejo, ayudándote a descubrir puntos ciegos, a reconectar con tus valores y a articular la identidad profesional que aspiras a representar. He presenciado esto en numerosas ocasiones durante las sesiones de coaching: en el momento en que una persona adquiere claridad sobre su verdadera identidad, todo cambia. La comunicación mejora, la confianza aumenta, las decisiones se vuelven más claras y la autenticidad deja de ser una vulnerabilidad potencial para convertirse en una fuente de fortaleza.
El coaching no busca cambiar tu identidad. En cambio, te ayuda a ser tú mismo de forma más consciente, intencional y consistente.
La autenticidad no es un lujo; es una estrategia profesional.
Para concluir la analogía, en la lucha libre, la credibilidad se establece al encarnar tu carácter fuera del ring. De igual manera, en el mundo corporativo, la credibilidad se construye viviendo tus valores más allá de la sala de reuniones. Ambos entornos premian la coherencia y penalizan la disonancia.
Si has dedicado años a desarrollar un estilo profesional, no lo abandones a la ligera. Protégelo, fortalécelo y compréndelo. Deja que te guíe, porque tu autenticidad no es solo tu identidad: es tu poder, tu estabilidad y tu activo profesional a largo plazo.
Si alguna vez te sientes desconectado de tu autenticidad, recuerda que el coaching puede ayudarte a encontrar el camino de regreso.
Alexander Martinez





